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Hoy es el aniversario de la victoria del voto femenino en el Estado Español y desde Estudiantes en Movimiento queríamos contar parte de la historia de su lucha política para conseguirlo.
El inicio de la lucha por el voto femenino en España, se remonta al siglo pasado; teniendo su máximo auge, reconocimiento y figuras representativas en el periodo de la II República Española.
Fue a partir de los años 20, cuando el feminismo español comenzó a añadir demandas políticas a las reivindicaciones sociales. En 1918 en Madrid se crea la Asociación Nacional de Mujeres Españolas (ANME); formada por mujeres de clase media, maestras, escritoras, universitarias y esposas de profesionales. Sus dirigentes: María Espinosa, Benita Asas Manterola, Clara Campoamor o Victoria Kent, planteaban ya claramente la demanda del sufragio femenino.
Junto a esta asociación surgieron múltiples agrupaciones. Entre ellas destacó la Cruzada de Mujeres Españolas, dirigida por la periodista Carmen de Burgos, y que protagonizó la primera manifestación callejera pro sufragio en Madrid en mayo de 1921
Al comienzo de la II República el ministro Miguel Maura dicta el decreto para las elecciones de la Asamblea de diputados en las que las mujeres no podrán votar pero sí ser elegidas. De los 470 escaños, sólo tres mujeres fueron elegidas: Clara Campoamor por el Partido Radical, Victoria Kent por el Partido Radical Socialista y Margarita Nelken por el PSOE.
Gracias a su presencia en las cámaras, las mujeres no fueron discriminadas en la constitución de 1931, una de las constituciones más igualitarias que ha conocido nuestro territorio nacional. “No podrán ser fundamento de privilegio jurídico: la naturaleza, el sexo, la filiación, la clase social, la riqueza, las ideas políticas, ni las creencias religiosas.” Artículo 25 de la Constitución de 1931.
Campoamor defendió el voto femenino; mientras que Kent estaba en contra. Esta última sostenía que las mujeres no podían ejercer el derecho al voto libremente debido a la influencia que ejercían sobre ellas su maridos y especialmente la Iglesia; primero había que consolidar la República y una vez hecho esto, aprobar el voto femenino. Campoamor, por su parte, consideraba un error excluir a la mujer de la República por miedo a su comportamiento electoral; las mujeres debían considerarse, por encima de todo, ciudadanas.
Finalmente hubo 161 votos a favor del sufragio femenino y 121 en contra.
El debate sobre el voto femenino no se quedó ahí. Más tarde un representante de Acción Republicana redactó una enmienda donde proponía que la mujer votase solamente en las elecciones municipales, pero no en las generales.
Tras un discurso de Campoamor, se llevó a cabo una segunda votación en la que se aprobó definitivamente el sufragio femenino por cuatro votos de diferencia: «Los ciudadanos de uno y otro sexo, mayores de 23 años, tendrán los mismos derechos electorales conforme determinen las leyes.».
Fue entonces, en 1933, cuando las españolas votan por primera vez. La victoria se la llevó la derecha, y como no podía ser de otra manera, se culpó al voto femenino de este resultado electoral. Solamente Margarita Nelken renovó su acta y junto a ella ocuparon escaños María Lejárraga, Matilde de la Torre, Veneranda García Blanco y Francisca Bohígas.
Sin embargo, se demostró que no fue el voto femenino el culpable de que ganase la derecha, sino que se fue el resultado de un problema de estrategia y unidad.
En 1936, fue cuando habiendo votado de nuevo las mujeres, el triunfo se decantó hacia el Frente Popular. Como afirmó Clara Campoamor: «El voto femenino fue, a partir de 1933, la lejía de mejor marca para lavar las torpezas varoniles.»
Por todo ello, no debemos olvidar que el voto femenino, es un derecho que costó sudor y lágrimas conseguir. Gracias a la lucha de muchas mujeres y también el apoyo de muchos hombres, se logró que este derecho se convirtiera en una realidad. El voto femenino, nos ha permitido a las mujeres tener igualdad de oportunidades y decisión a la hora de votar en las urnas.
Seguiremos luchando y reivindicando los derechos de las mujeres, para que la igualdad se instaure en todos los ámbitos de nuestra sociedad.