Hoy, 15 de octubre, conmemoramos el día internacional de la mujer rural. Una fecha tan importante como olvidada, la cual muestra una vez más la falta de reconocimiento e invisibilización que sufren las mujeres que habitan en zonas rurales.

Hoy en día, el trabajo de las mujeres en el mundo rural se sigue considerando un trabajo caracterizado de auxiliar o complementario dentro de la economía familiar. Esto provoca una creciente desigualdad económica respecto a la figura masculina, a pesar de realizar un trabajo en igualdad de condiciones o incluso mayor. Esta desigualdad se ve acrecentada debido a la doble o incluso triple carga de trabajo, entendiendo que además se ven relegadas al trabajo de cuidados dentro de sus respectivos hogares, y muchas de ellas deben acceder a un trabajo fuera de las tierras y la casa, debido a la falta de independencia económica de la que ya hablamos.

Esta falta de reconocimientos provoca que la precariedad y la temporalidad se sienta de forma más acusada y directa en el caso de mujeres.

Por ello, es necesario continuar analizando y reflexionando sobre la posición a la cual se ve sometida la mujer dentro del modelo de familia patriarcal. Una posición que nos aboca, no solo a una dependencia económica familiar, sino a una falta de reconocimiento de los cuidados en el núcleo familiar, que constituye el soporte de este, entendidos además como un trabajo complementario al sustento del campo.