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En casa y en la Universidad: Nos dejan sin luz

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En casa y en la Universidad: Nos dejan sin luz

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¿Por qué sube el precio de la energía?

El oligopolio privado de las empresas eléctricas -conformado principalmente por Endesa, Iberdrola y Naturgy- y su constante búsqueda de beneficios vuelven a comprometer la accesibilidad de la energía. En un sistema diseñado para obtener ganancias, poco importa que se cubran las necesidades de la población más precaria. No hay problema en subir los precios. A esto hay que sumarle la escalada de la guerra imperialista en Ucrania. Las sanciones de la UE a Rusia, importante exportador de gas natural, encarecieron aún más parte de la producción de energía, haciendo aumentar su precio.

Hasta hace poco, casi un 50% del gas que llegaba a España lo hacía desde Argelia, por lo que en gran medida dependemos energéticamente de este país, defensor del derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui. Por ello, el apoyo del gobierno español al plan de autonomía presentado por Marruecos puede suponer otra subida de los precios de la energía. Estados Unidos ha sabido aprovecharse de esta situación, adelantando recientemente a Argelia y convirtiéndose en el principal proveedor gasístico de España. Así, el país americano consigue también reducir el consumo de gas ruso y debilitar la influencia de su país enemigo.

Nos encontramos ante una crisis de recursos que va a dificultar aún más el mantenimiento del modelo de producción y consumo vigente. La escasez de materias primas ya está haciéndose notar y, con el paso del tiempo, agudizará sus consecuencias. Por ello, únicamente reduciendo el ritmo de la economía conseguiremos evitar los efectos finales de la crisis ecológica. Necesitamos un sistema que respete los límites físicos del planeta a la vez que atienda las necesidades de toda la población.

¿Cómo nos afecta fuera de la Universidad?

Según Eurostat, en 2020 el 9,1% de la población española era incapaz de mantener su hogar a una temperatura de entre 18 y 24 grados, lo que es considerado por la OMS como la temperatura de confort. En 2021 la situación no mejoró. El recibo medio de luz aumentó hasta un 15% con respecto al 2018. Siguiendo esta tendencia, el enero del 2022 se convirtió en el más caro de la historia. Los siguientes meses no han sido mejores. En ellos, los precios del MWH han continuado siendo claramente superiores a los del año pasado.

A razón de ello, las familias de extracción popular han tenido que superar más dificultades para llegar a fin de mes. Reducir el uso de la calefacción o el aire acondicionado han sido y serán vías mediante las cuales consiguen abaratar la factura. Aún así, resulta inevitable conseguirlo sin empeorar notablemente las condiciones de vida ni renunciar al consumo de otros bienes básicos, como indica un reciente sondeo. 

Un 84,6% de las encuestadas admite haber modificado sus hábitos de consumo desde la subida de los precios. Uno de los más trastocados es el relacionado con los electrodomésticos. Un 44,2% ha cambiado los horarios de su uso, algo que puede resultar complicado en el caso de las personas que compatibilizan estudio y trabajo. Asimismo, un 15,8% ha adquirido productos más eficientes energéticamente. Esto, como es obvio, solo se lo pueden permitir las familias con un mayor poder adquisitivo.

Así, queda claro que la subida del precio de la energía nos afecta especialmente a las clases populares. Pero, además, las maneras de amortiguarla también son únicamente accesibles para las familias de extracción burguesa. Por ello, la matriculación en los estudios superiores y el pago de las tasas, que no son mitigados por un sistema de becas insuficiente, se volverán más difíciles de afrontar para unas familias que, a su vez, habrán visto perjudicadas sus condiciones de vida.

Ni los beneficios privados ni las guerras imperialistas que los persiguen deben convertir la electricidad o el aire acondicionado en privilegios.  Exigimos que se anteponga el bienestar colectivo al lucro empresarial. En consecuencia, reivindicamos un cambio de modelo de producción y consumo que atienda a nuestras necesidades y respete los límites de nuestro planeta. Únicamente el fin del oligopolio eléctrico y la implantación de un sistema de becas-salario para las estudiantes nos asegurarán el acceso a la energía, tanto en nuestras casa como en la Universidad.

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