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Ni privada, ni empresas, ni Selectividad: Fuera las barreras de la Universidad

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Ni privada, ni empresas, ni Selectividad: Fuera las barreras de la Universidad

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Un año más, comienza una época en la que las estudiantes de 2º de Bachillerato van a ver agudizarse la carrera de obstáculos a la que ya de por sí se ven sometidas. 

Por tercer año consecutivo, se mantendrá el modelo COVID. Las estudiantes no elegirán entre dos exámenes, sino entre preguntas y ejercicios individuales, lo que consideramos que seguirá siendo beneficioso para quienes hayan podido recibir mayor preparación. En un curso marcado por la vuelta a la presencialidad total, el carácter segregador de la Selectividad sigue quedando patente, manteniendo su objetivo de dificultar el acceso de las clases populares a la universidad.

Como ya hemos analizado repetidas veces, la EVAU es el máximo exponente de la privatización que viene sufriendo la educación y el proceso de elitización al que se ven sujetos los estudios superiores.

Mientras los institutos privados cuentan con los fondos suficientes como para ofrecer una mejor calidad educativa, la infrafinanciación pública de las Enseñanzas Medias provoca altos ratios y carencia crónica de materiales. En unas aulas masificadas, es inviable que las necesidades de las estudiantes puedan atenderse correctamente.

Las que no pueden ajustarse a los acelerados ritmos educativos y no destacan en la capacidad más valorada, la memorización, suelen necesitar recurrir a refuerzos extracurriculares. Las clases populares, con unos menores ingresos, no pueden permitirse el acceso a estos, quedando reservado para las familias más adineradas. Ocurre de igual manera cuando se acercan las épocas de exámenes, especialmente los de acceso a la universidad, a los que se pueden preparar mejor las estudiantes de extracción burguesa. Debido a ello y a su mayor financiación, los centros concertados obtienen unos mejores resultados en la EVAU que posteriormente se utilizan para justificar la dotación de más fondos a estos institutos que a otros.

No debemos olvidar que las peores condiciones de estudio que experimentan las estudiantes de centros públicos, especialmente en el caso de los que se encuentran en barrios populares, suelen ir acompañadas de mayores dificultades en su vida privada. La precaria situación familiar de muchas les habrá obligado a trabajar, lo que complicará que puedan compaginar la preparación de la prueba (o del curso completo) con sus obligaciones fuera del instituto. Por si fuera poco, las administraciones públicas no contrarrestan estos perjuicios dotando de instalaciones dignas a las estudiantes. Durante las semanas previas a la examinación son pocas las plazas de bibliotecas públicas disponibles para el estudiantado y muy malo su estado. Se vuelven frecuentes situaciones como la de no contar con un enchufe cerca de la mesa o, en general, estudiar en unas condiciones que no son las óptimas.

Muchas estudiantes ni siquiera podrán presentarse a la Selectividad por las tasas asociadas a ella, que resultarán inasumibles (al igual que las del título de Bachillerato) para miles de familias. La alta inflación experimentada en los últimos meses y la subida del precio de bienes básicos como el gas provocada por la guerra imperialista en Ucrania han engrosado la factura de muchas, complicando más aún que puedan destinar recursos a la educación de sus hijas; las clases populares vuelven a ser las más perjudicadas por las crisis y las guerras.

Más allá de los daños que puedan causar directamente estas, la propia EVAU y su preparación continúan provocando todo tipo de innumerables perjuicios a las estudiantes. La ya deteriorada salud mental del estudiantado de extracción popular a causa de su situación empeora aún más por las largas e intensas horas de estudio, el cumplimiento de las expectativas y la incertidumbre de si se conseguirá optar por el grado deseado, entre otras. Además, la competitividad inherente a la prueba la convierte en una carrera cuya meta es superar a otra persona, para así conseguir nuestro objetivo. Peleamos por una plaza con estudiantes en condiciones similares o incluso inferiores a las nuestras, pero también con otras cuya realidad material les ha permitido entrenarse mejor. En definitiva, se nos vuelve a poner contra las cuerdas, con las consecuencias psicológicas que ello tiene.

Por otro lado, cabe destacar el cambio del enfoque al que (en principio) se va a ver sujeta la prueba, volviéndose “menos memorística”. Si bien consideramos que, en apariencia, esto sería positivo, la realidad es otra. Como explicamos recientemente, la Selectividad pasará a ser competencial en 2024 por exigencia de la UE. Entendemos esto como un cambio que, junto al resto de la nueva reforma educativa, vuelve a ajustar la enseñanza a las necesidades empresariales. Asimismo, ya que una de las competencias recogidas en la LOMLOE es el “Emprendimiento Social y Empresarial”, la asimilación de la ideología neoliberal por parte del estudiantado podrá llegar a determinar que accedamos o no a un título universitario.

El tejido productivo en España y su demanda de mano de obra con una cualificación media ultraespecializada han llevado a la configuración de una nueva reforma educativa que, mediante la LOSU y la LOIFP, desarrolla el proceso de expulsión de las clases populares de la universidad y la entrada de las mismas en la Formación Profesional. Las Enseñanzas Medias también siguen este camino. Ejemplo de ello es la creación de una nueva materia llamada “Formación y Orientación Profesional”, que busca dirigir a las estudiantes a las enseñanzas más productivas para el empresariado.   Es decir, se nos facilita el acceso a los estudios que forman la mano de obra exigida por las empresas mientras, por el motivo contrario, se nos dificulta la entrada a los de la universidad.

En conclusión, seguimos considerando la Selectividad como un reflejo del sistema en el que se inserta y sus recientes modificaciones como otro elemento más de la nueva reforma educativa, que sigue respondiendo a los mismos intereses. La barrera económica que supone será la primera gran criba a la que se vean sujetas las estudiantes populares a la hora de acceder a la Universidad. En caso de conseguirlo, a esta se le sumarán la insuficiencia del sistema de becas y las elevadas tasas que, a pesar de las reducciones dadas durante los últimos años, siguen siendo inasumibles para muchas familias.

Ante unas modificaciones que siguen respondiendo a los intereses del empresariado, volvemos a exigir la eliminación de cualquier prueba de acceso. Defendemos una educación totalmente pública, donde no quepan ni la concertada ni la privada, alejada del aprendizaje memorístico en la que las estudiantes puedan recibir una atención individualizada que atienda a sus necesidades, sin barreras ni impedimentos socioeconómicos.

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